¿Te acuerdas por todas las incertidumbres que hemos pasado? Cuando intento recordarte una anécdota de quién fuiste siento una revolución en el estómago que me da un poco de desgracia con risas confusas, un poco de mal estar y otro tanto de satisfacción.

Cuando comenzamos a vivir la vida de adolescentes creímos que estábamos ahí para experimentarlo todo, sentirlo todo, hacer todo y conforme fuimos pasando por lugares oscuros a los que decidimos no regresar, le llamamos aprendizaje.
Siento que debo pedirte disculpas, algunas veces solo escuché los ruidos de afuera y no tomé en cuenta las carencias de adentro.
Pensar que cubriendo los pedidos externos estábamos de alguna forma cumpliendo con lo que necesitabas fue el resultado de la inmadurez contenida en un frasco de pocos años vividos y un montón de curiosidad que llenaba la gran parte de ese frasco.

Disculpa mi curiosidad, agradezco tu paciencia. Hoy te nutro, te entrego tiempo, observación, calma, alivio y cuidado constante. Te escucho atentamente antes que a cualquier resonancia que quiera interponerse entre nosotros. Te honro y te llevo con ternura a todos los espacios, lugares y personas que te hacen sentir bien.

Espero que mis acciones se estén enmendando contigo, espero que ya estés tranquilo, por que estas a salvo, ¿te acuerdas como te rescaté de aquel lugar que te hacía doler y sangrar y acumular cargas? Ya no estás ahí, perdón si me tardé, estaré más atenta ahora.
Solo quiero que sepas que siempre vas a ser mi prioridad y que te amo incondicionalmente.

Deja un comentario